El Banco Central de Venezuela (BCV) colocó 2.163 millones de dólares en el mercado cambiario durante junio, un aumento de 36,73 % respecto a los 1.582 millones vendidos en mayo, de acuerdo con datos provenientes de fuentes financieras.
Con este resultado, el ente emisor acumuló una oferta de 7.738 millones de dólares durante el primer semestre de 2026, cifra que representa un incremento de 72,11 % frente a los 4.496 millones colocados en el mismo período de 2025.
El BCV es la institución encargada de formular y ejecutar la política monetaria y cambiaria del país. Entre sus funciones se encuentran la administración de las reservas internacionales, la emisión de la moneda nacional y la intervención en el mercado cambiario con el objetivo de contribuir a la estabilidad del sistema financiero y del tipo de cambio.
Durante los últimos meses, el organismo ha intensificado las intervenciones cambiarias mediante la venta de divisas a la banca nacional, mecanismo que busca atender parte de la demanda del mercado y reducir las presiones sobre el precio del dólar.
Estrategia cambiaria
Según las fuentes consultadas, el BCV prevé colocar al menos 1.800 millones de dólares durante julio como parte de su estrategia para avanzar hacia una mayor convergencia entre las tasas de cambio que operan en el mercado.
En este contexto, el organismo también comenzó a aplicar un esquema de intervención cambiaria con una tasa diaria, en sustitución del precio de intervención mensual utilizado anteriormente.
La medida busca acercar progresivamente el valor oficial de la divisa a las condiciones del mercado y reducir la diferencia entre ambas cotizaciones.
De acuerdo con la información disponible, durante los primeros días de aplicación de este mecanismo la brecha cambiaria se ubicó por debajo del 14 %, una reducción que podría contribuir a disminuir la volatilidad del mercado cambiario y facilitar la formación de precios en la economía.
Analistas coinciden en que las intervenciones del BCV continúan siendo uno de los principales instrumentos utilizados por la autoridad monetaria para contener las fluctuaciones del tipo de cambio y mitigar su impacto sobre la inflación, en un contexto donde el comportamiento del dólar sigue siendo uno de los factores que más incide en la actividad económica del país.








