La transición política no es un camino lineal ni un destino garantizado; es, en esencia, un periodo de profunda vulnerabilidad institucional. En la ciencia política, entender por qué algunos países logran cruzar el puente hacia la democracia y otros caen en el abismo del autoritarismo es la clave para descifrar el tablero geopolítico actual.
1. Definición: El «Intervalo» de la Incertidumbre
Para abordar la transición, debemos recurrir a los clásicos de la transitología. No se trata simplemente de un cambio de gobierno, sino de un cambio de régimen.
O’Donnell y Schmitter (1986): Definen la transición como el intervalo que transcurre entre un régimen y otro. Lo característico es que las «reglas del juego» no están definidas, y los actores políticos compiten no solo por el poder, sino por las normas que regirán ese poder.
Juan Linz: Destaca que una transición termina cuando la democracia se ha «consolidado», es decir, cuando se convierte en «la única alternativa posible» (the only game in town).
2. Tipologías y Características
Samuel Huntington, en La Tercera Ola, identifica tres vías principales que definen la naturaleza del cambio:
Transformación (Reforma): El impulso viene desde las élites del régimen (ej. Adolfo Suárez en España).
Traspaso (Ruptura): El régimen colapsa y la oposición toma el control (ej. Portugal y la Revolución de los Claveles).
Transplazamiento (Pacto): Una negociación forzada por un empate de debilidades entre gobierno y oposición (ej. Uruguay o Polonia).
Características clave:
Liberalización: El reconocimiento de derechos civiles antes de la competencia electoral.
Pactismo: La necesidad de garantías mutuas para que los sectores del antiguo régimen no teman la persecución.
3. Contrastes: De la Victoria al Fracaso
Transiciones Exitosas (Consolidadas)
España (1975-1978): El paradigma del consenso. Logró desmantelar el franquismo desde sus propias leyes hacia una monarquía parlamentaria.
Chile (1988): Demostró que las instituciones y la vía electoral pueden derrotar a una dictadura si existe unidad estratégica.
Sudáfrica (1994): El modelo de reconciliación nacional que evitó una guerra étnica mediante el diálogo entre Mandela y de Klerk.
Transiciones Fallidas o Truncadas
No todos los procesos llegan a puerto seguro. Muchos derivan en lo que hoy llamamos «regímenes híbridos»:
La Primavera Árabe (Egipto, 2011): Tras la caída de Mubarak, la falta de instituciones sólidas y la polarización llevaron a un breve gobierno de los Hermanos Musulmanes, seguido de un golpe militar que restauró un régimen autoritario.
Rusia (Años 90): Tras la caída de la URSS, la transición económica sin controles institucionales generó una oligarquía que terminó facilitando el ascenso de un liderazgo hiperpersonalista y autocrático.
Libia: El colapso del régimen de Gadafi sin un acuerdo de transición derivó en un Estado fallido, fragmentado por milicias y sin control territorial.
4. Análisis Actual: La Recesión Democrática y el Caso Venezolano
Hoy, en 2026, la teoría de la transición enfrenta un fenómeno que Steven Levitsky y Daniel Ziblatt describen como «la muerte de las democracias desde adentro».
El fin de los pactos: La polarización extrema ha sustituido la cultura del acuerdo por la narrativa de la «aniquilación del adversario». Sin garantías de supervivencia para el que deja el poder, la transición se bloquea.
Autoritarismo Competitivo: Muchos regímenes actuales no se definen como dictaduras clásicas, sino que usan la fachada electoral para legitimar sistemas hegemónicos. Esto hace que la transición sea más lenta y costosa.
La transición exitosa no es un regalo de la historia, sino un producto de la voluntad política y la ingeniería institucional. El éxito de los procesos futuros dependerá de nuestra capacidad para construir puentes de plata, incluso con quienes hoy parecen irreconciliables, priorizando siempre la estabilidad de la República sobre la victoria momentánea de una facción.}
Por: Rosahana Larreal Prieto / Politóloga, Abogada y Concejal de Maracaibo.








